Por Poco…
Es curioso; prácticamente los dos únicos deportes a los que se hace referencia en este blog, dada la escasa afición a los mismos del autor, son baloncesto y fórmula 1; y mientras que el año pasado fue un gran año en España para ambos: nuestra selección nacional se proclamó por primera vez en la historia campeona de un mundial y Fernando Alonso logró, por segundo año consecutivo, ser campeón de F1; este año, sin embargo, nos hemos quedado a un paso de lograr triunfos en ambos deportes.
Gasol, Navarro, Calderón y compañía perdieron frente a Rusia la final del EuroBasket en un partido que se les fue de las manos; y Alonso después de un año con más problemas en su propio equipo que con los rivales entró sólo un puesto por detrás del que le hubiese permitido revalidar título; aunque a la mayoría de los españoles la derrota de Hamilton les alegró casi tanto como el no logrado triunfo de Alonso.
Esperemos que en el nuevo año el deporte español tenga más suerte en general y el baloncesto y automovilismo en particular; en especial Alonso, que vuelve a la escudería con la que ha logrado hasta ahora sus mayores triunfos. Claro que los monoplazas de ahora no son los que corrían hace dos y tres años, ni en Ferrari, ni en McLaren, ni en Renault. Estaremos atentos y animando a nuestro piloto.
Alonso ya está solo a dos puntos de Hamilton, luchando cada punto en cada carrera. El año pasado problemas con favoritismos hacia Ferrari y este año problemas con su propia escudería; parece que a nuestro piloto no se lo están poniendo fácil últimamente.
Y por segundo año consecutivo el asturiano logró ser campeón de la Fórmula 1. El piloto más joven de la historia que logra ser bicampeón (ya el año pasado se convirtió en el piloto más joven que ha llegado a ser campeón en F1). Un año que se le ha complicado con decisiones controvertidas de la FIA, y un Schumacher empeñado en retirarse a lo grande, pero que al final no ha podida vencer en la pista a Alonso.
Acabó el Mundial. Una vez más, y como cada cuatro años, los españoles (incluidos los menos aficionados a este deporte como el que suscribe) asistimos al espectáculo futbolístico más grande del mundo con la vana esperanza de que nuestra selección llegue al menos a semifinales y una vez más es eliminada en octavos de final. Es curioso que a lo largo de los años no importa quien sea el entrenador, no importa quienes sean los jugadores, no importa donde se celebre el evento; llegar a cuartos es una odisea y a la semifinal casi imposible (más allá de eso ni hablamos).